Schumpeter, la crisis y el cambio tecnológico

La crisis económica aún no ha empezado según las enseñanzas de Schumpeter, Joseph A, (1883-1950). Sí, aquel economista que predijo el fin del capitalismo por su propio éxito.

J. Schumpeter, fue autor de obras esenciales como: La teoría del desarrollo económico (1912), Ciclos económicos (1939) y Capitalismo, Socialismo y Democracia (1954), en las que el autor describía el sistema capitalista como un conjunto movido por las innovaciones, y dotado de la fuerza de los empresarios que las aplicaban. El éxito del capitalismo, en este sentido, y para él, conducía inevitablemente al fracaso, ya que las grandes empresas subsumían al empresario y el sistema perdía vitalidad debido al escaso impulso emprendedor, que previsiblemente se agota, ya que el emprendedor no asume riesgos ni aventuras de crear empresas individuales, que son como todos sabemos la base del capitalismo. Y tiene su lógica, ya que si un ingeniero, licenciado o inventor, si puede encontrar trabajo, o vender bien su proyecto en la gran empresa, o a un tercero, entonces en aquella época, no se hablaba de encontrar trabajo como funcionario o profesor, que hoy es un campo más que soslaya el espíritu emprendedor.

Su obra Capitalismo, Socialismo y Democracia (1954) es la más divulgada y conocida, contiene análisis económicos con aplicaciones y usos de la estadística y de la historia económica, por entonces no utilizadas, y no sólo análisis económico sino también político y social. La primera parte está dedicada a la doctrina marxista. En ésta se distinguen los diferentes aspectos de Marx (economía, sociología, historia), donde el autor muestra un respeto hacia el economista y sociólogo alemán que pocos en su tiempo demostraban. La segunda parte intenta contestar a la pregunta ¿puede sobrevivir el capitalismo?, y la respuesta global es que no, ya que según el economista morirá víctima de su propio éxito; la tercera parte del libro también se desarrolla en torno a una pregunta, ¿puede funcionar el socialismo?” Y, también, en contra de muchas opiniones de su momento, la contesta afirmativamente.

Esto le trajo muchos problemas, y en muchos ámbitos se dice que fue causa de que no se adoptarán sus pioneras teorías de análisis histórico económico, hasta pasados muchos años. El economista no quiso decir que sea el socialismo la solución política de todos los males, pero si que ayudo a que se adoptarán las teorías del otro gran economista de la época John M. Keynes, que pudo explicar mejor porque la economía de mercado puede pasar, de repente, de la euforia a la depresión, como todos sabemos recomendó programas de gasto público para estabilizar la economía en tiempos de recesión y recuperar la confianza en el futuro. La última parte de su obra está dedicada al estudio de las relaciones entre el socialismo y la democracia, concluyendo que no son antitéticos, es decir, en aquella época que el socialismo puede ser una solución democrática, pero aún llegados a este siglo XXI, todavía no ha igualado históricamente al liberalismo democrático el francés y el de EEUU, que reformó el viejo régimen feudal.

En cierta medida, nos encontramos con un feudalismo, esta vez de información y conocimiento, al cual muchas capas de la sociedad no llegan, la brecha digital es una prueba de ello.

Sus aportaciones al respecto de la innovación son el punto de origen del proceso evolutivo capitalista, con la precisión de que las innovaciones históricamente han venido generalmente en grupos, originando ondas expansivas del tipo Kondratiev.

En cuanto al empleo la primera fase, de introducción de la innovación del producto, se genera empleo cualificado. También se genera con las inversiones asociadas a la fase de difusión rápida de la innovación, cuando el producto se estandariza, se crea empleo de menor cualificación. Pero cuando el mercado se satura, el cambio tecnológico se centra en el proceso de reducir costes y empleo y entonces este se reduce la economía pierde empleo, pero esto en esta fase de innovación de Internet y nuevas tecnologías asociadas todavía no ha ocurrido, esto es aún tiene que ocurrir.

Schumpeter citado en:

Castaño Collado, C. (1994). Tecnología, empleo y trabajo en España (pág. 16).

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